Con la muerte de Nabeel, la iglesia actual ha perdido una voz poderosa. La pérdida de Nabeel ha calado hondo entre quienes se mueven en círculos apologéticos. También suscita las inevitables preguntas de “¿por qué?”: “¿Por qué Nabeel no fue sanado?” ¿Por qué fue segada una vida que prometía tanto? Son preguntas con las que todos tenemos que luchar en algún momento, y no hay respuestas fáciles.

Me consta que a mi fe le hace falta crecer mucho más, porque, a mi parecer, la muerte de Nabeel parece una pérdida incomprensible. Desde mi perspectiva caída y tan limitada, puedo imaginar lo que podría haber sido. Nabeel podía haber sido sanado milagrosamente; tal sanación podía haber maravillado a muchos musulmanes y haberlos llevado a convertirse; podía haber tenido un ministerio y una historia mucho más poderosos; podía haber seguido escribiendo, dando conferencias y tocando vidas. En mi debilidad, me pregunto por qué no fue así; por qué la muerte tuvo que ser su camino; y cómo podría su muerte ser para el bien de algunos de los que le rodeaban. Creemos que sabemos más que Dios.

Igual que todos nosotros, Nabeel habitaba un mundo que gime bajo el peso del mal y del sufrimiento. No sabemos por qué Dios no sanó a Nabeel. Somos finitos, y Dios es infinito. Las buenas nuevas nos aseguran que el carácter y el poder de Dios garantizan que él llevará el mal a un buen fin para “los que aman a Dios y son llamados según su propósito”(Romanos 8:28). No sabemos por qué la restauración no se produjo en el presente, pero tenemos la esperanza de un Dios que, mediante Jesucristo, restaurará a Nabeel junto con toda la creación. Nabeel, que ya no lucha contra el cáncer, será resucitado a una vida nueva junto con todos aquellos que encuentran su vida en Cristo: “Vivir es Cristo y morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

Lamentamos profundamente la muerte de Nabeel. Sin embargo, como Pablo nos recuerda, no debemos entristecernos “como los que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). Puede que no tengamos todas las respuestas, pero sí tenemos esperanza.

Pues ¿por qué Dios no sanó a Nabeel?

¿Fue porque Nabeel no tenía suficiente fe? Quien afirma semejante sinsentido no conoce a Nabeel, y tampoco tiene una teología correcta. La fe de Nabeel en Dios era profunda e inconmovible. La fe no garantiza buena salud ni riqueza, como afirman algunos predicadores de la “palabra de fe”. Nabeel nunca vaciló; se mantuvo fiel hasta el final. Igual que Job, decía: “Aunque me mate, seguiré esperando en él”.

¿Fue porque el Dios del islam es el Dios verdadero y Nabeel fue castigado por abandonarlo? Nabeel compartió con nosotros que rezó para que Dios le sanase, para que los musulmanes no interpretasen su muerte como el juicio de Dios por convertirse al cristianismo. Puede que haya algunos que quieran explotar su muerte en este sentido. A los musulmanes que sugieren tal cosa se les debería preguntar: “¿Por qué esperó su Dios hasta que Nabeel hubiera escrito tres libros exitosos, hecho centenares de vídeos y ayudado a centenares de musulmanes a acercarse a Cristo? ¿Pasa algo con su sentido de la oportunidad?” No solo eso. La obra de Nabeel continuará llevando a gente a Cristo, tal vez con mayor eficacia, después de su partida. Espero que muchos musulmanes reflexionen en la fidelidad hasta la muerte de un hombre sometido a una presión muy intensa para que renunciara a Cristo y volviese al islam. Los musulmanes reflexivos deberían preguntarse cómo se puede producir un cambio tan radical en la vida de alguien, hasta que nacieran en él una fe y un compromiso inquebrantables.

Muchos musulmanes han utilizado la muerte de Nabeel como prueba de que fue maldecido por Alá y de que todos deberían, por tanto, dejar de hacer caso a sus afirmaciones. Entre los comentarios había algunos como estos: “‘Buscando a Jesús y encontrando el cáncer’ es el título del nuevo libro que saldrá próximamente”; “Sí, fue Alá quien causó la muerte de Nabeel porque le dio la espalda. Mirad cómo murió, jajaja”. Comentarios así ofrecen la oportunidad de plantear a la gente la cuestión de la coherencia. ¿Qué sucedería si estos musulmanes aplicasen este mismo razonamiento a la manera en que murió Mahoma?

¿Cómo murió Mahoma?

Después de que Mahoma y sus seguidores atacaran un asentamiento judío en Jaybar, una mujer judía cuyo padre, tío y marido habían sido asesinados por los musulmanes se ofreció a preparar una comida para Mahoma y sus compañeros. Mahoma aceptó con entusiasmo. Así sucedieron los hechos.

REFERENCIAS DE LOS HADICES

Sahih al-Bukhari 2588—Aisha dijo: “Cuando el Profeta enfermó y su estado se agravó, pidió a sus esposas que le permitiesen ser tratado en mi casa, y se lo permitieron. Salió apoyándose en dos hombres, mientras sus pies se arrastraban por el suelo”.

Sahih al-Bukhari 2617—Una judía trajo una oveja guisada y envenenada para el Profeta, que comió de ella. La mujer fue llevada ante el Profeta, y le preguntaron: “¿La matamos?” Dijo: “No”. Anas añadió: “Seguí viendo el efecto del veneno en el paladar del Mensajero de Alá”.

Sahih al-Bukhari 2797—El Profeta dijo: “¡Por aquel en cuyas manos está mi alma! Ojalá pudiera ser martirizado por la causa de Alá, luego volver a la vida y volver a ser martirizado, luego volver a la vida y volver a ser martirizado”.

Sahih al-Bukhari 4428—En medio de su último sufrimiento, el Profeta decía: “¡Aisha! Aún siento el dolor causado por la comida que comí en Jaybar, y ahora siento como si mi aorta se estuviese cortando por causa de aquel veneno”.

Sahih Muslim 5430—Una judía vino ante el Mensajero de Alá con carne de cordero. Él comió de lo que se le había traído. Al comenzar a sentir los efectos del veneno, pidió que la mujer fuese traída ante él y le pidió una explicación. Ella dijo que había decidido matarlo. El Profeta le dijo: “Alá nunca te dará poder para hacer tal cosa”.

Sunan Abu Dawud 4498—Una judía presentó a Mahoma en Jaybar una oveja asada que había envenenado. El Mensajero de Alá comió de ella, y la gente también comió. Luego dijo: “Apartad las manos de la comida, porque me ha informado de que está envenenada”. Bishr b. al-Bara b. Ma’rur al-Ansari murió. Entonces el Profeta hizo traer ante él a la mujer judía y le preguntó: “¿Qué te movió a hacer lo que has hecho?” Ella dijo: “Si fueras un profeta, no te haría ningún daño; pero si fueras un rey, libraría al pueblo de ti”. El Mensajero de Alá dio una orden acerca de ella, y fue ejecutada. Luego el Profeta dijo, acerca del dolor del que murió: “Seguí sintiendo dolor por lo que había comido en Jaybar. Este es el momento en que siento que se me corta la aorta”.

Sunan Abu Dawud 4449—Umm Bishr dijo al Profeta durante la enfermedad de la que murió: “¿Qué opinas de tu enfermedad, Mensajero de Alá? Yo no pienso en la enfermedad de mi hijo sino en la oveja envenenada de la que comió contigo en Jaybar”. El Profeta dijo: “Yo tampoco pienso en mi enfermedad sino en eso. Este es el momento en que siento que se me corta la aorta”.

REFERENCIAS EN LA SIRA

At-Tabari, Volumen 8, p. 124—El Mensajero de Dios dijo durante la enfermedad de la que murió, cuando la madre de Bishr b. al-Bara había venido a visitarlo: “Umm Bishr, en este mismo momento siento que se me corta la aorta a causa de la comida que comí con tu hijo en Jaybar”.

Esto resulta interesante cuando se trata de la maldición de Alá. En el Corán, Alá dice cómo mataría a Mahoma si alguna vez falsificara la revelación.

TRADUCCIONES DEL CORÁN

Corán 69:44-46—Si Nos hubiera atribuido algunos dichos, le habríamos tomado de la diestra; luego, le habríamos seccionado la aorta. (Julio Cortés)

Corán 69:44-46—Y si hubiera inventado dichos falsos acerca de Nosotros, ciertamente lo habríamos tomado de la mano derecha y luego le habríamos cortado la arteria vital. (Pickthall)

Corán 69:44-46—Si hubiera inventado mentiras acerca de Nosotros, lo habríamos agarrado por la mano derecha y le habríamos cortado la vena del corazón. (Dawood)

Corán 69:44-46—Y si hubiera fabricado contra Nosotros algunos dichos, ciertamente lo habríamos agarrado por la mano derecha; luego, ciertamente le habríamos cortado la aorta. (Shakir)

Entonces, ¿qué dice Alá que hará a Mahoma si este inventa alguna revelación? Que le cortaría la aorta. ¿Y qué dijo Mahoma que el veneno le había hecho? Que le había cortado la aorta. Mahoma murió exactamente de la manera en que Alá dijo que moriría si falsificaba las revelaciones.

Ya que has visto las fuentes, te animo a que preguntes a tu imam o a los eruditos acerca de estas cuestiones. Te darán una respuesta sencilla: dirán que Mahoma no pudo haber muerto envenenado en Jaybar porque murió algunos años más tarde. Pero esto no puede ser cierto. Si ingieres suficiente cantidad de cierto tipo de veneno, morirás rápidamente. Pero si ingieres menos de la dosis necesaria para matarte, sobrevivirás, aunque el veneno hará daños internos que llevarán a una muerte más lenta. Esto es exactamente lo que, según el propio Mahoma, le ocurrió. Dijo: “Seguí sintiendo dolor por lo que había comido en Jaybar. Este es el momento en que se me corta la aorta”. En otras palabras: “El veneno me hizo daño al principio. Llevo años sufriendo dolor a causa de ello. Muero envenenado”.

¿Cuánto dolor sufrió Mahoma?

Ibn Ishaq, p. 516—Marwan b. Uthman b. Abu Sa’id b. al-Mu’alla me dijo: el apóstol había dicho durante la enfermedad de la que murió, cuando Umm Bishr d. al-Bara vino a verle: “Umm Bishr, este es el momento en que siento un dolor letal por lo que comí con tu hermano en Jaybar”.

Sunan Ibn Majah 1622—Aishah dijo: “Nunca he visto a nadie sufrir tanto dolor como sufrió el Mensajero de Alá”. Aisha experimentó mucho dolor durante su vida. Estuvo en la batalla del Camello, en la que unos 10.000 se mataron entre ellos debido a una disputa. Sin embargo, pudo decir que nunca había visto a nadie sufrir lo que estaba sufriendo Mahoma.

Entonces, si el sufrimiento de Nabeel era prueba de que estaba bajo una maldición por parte de Alá, ¿por qué el sufrimiento de Mahoma no era prueba de que había sido maldecido por Alá? ¿Cómo se puede mirar el sufrimiento de Nabeel y decir que ha sido maldecido por Dios, por lo que no era digno de confianza, y al mismo tiempo decir: “Sí, Mahoma sufrió una muerte mucho más dolorosa, pero esto no supone problema alguno para nuestra fe”?