¡Estás loco!

Mucha gente piensa que hablar de un hombre que se dejó crucificar y luego decir que es el Señor y Salvador que necesitamos es una completa locura. Sin embargo, un cristiano primitivo escribió:

mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, sean judíos o gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.
1 Corintios 1:23-24

Intentemos entender esto.

Un punto de referencia

Un día, deseando volver a casa, una niña se perdió en un barrio de Londres. Angustiada, se echó a llorar. Un policía que pasaba por allí la vio, se acercó a ella y le preguntó si recordaba el nombre de la calle donde vivía. La niña respondió: “No sé el nombre de la calle, pero mi casa está cerca del edificio que tiene una cruz en el tejado”.

El policía comprendió que el edificio con una cruz en lo alto sería una iglesia. Como solo había una iglesia en el barrio, pudo ayudar a la niña a encontrar su hogar. La cruz había servido de punto de referencia.

Hoy, como nunca antes, este mundo pobre, atribulado y triste parece aún más perdido. Necesita un punto de referencia seguro y fijo. Necesita mirar a la cruz de Jesús para recibir guía y dirección.

El otro día vi una película sobre pilotos de avión. El comentarista explicó que, una vez a bordo, el piloto debe depender por completo de los dispositivos de orientación en tierra. No debe fiarse de sus instintos personales. De noche o de día, debe seguir las señales e instrucciones de los instrumentos del tablero; de lo contrario, acabará en desastre. Podríamos citar fácilmente otros ejemplos para ilustrar lo débiles y fáciles de engañar que podemos ser todos.

El hombre moderno se siente orgulloso de sus logros científicos sin precedentes. Pone su confianza en sus bienes materiales. Está orgulloso de su independencia e inteligencia. Pero a los ojos de Dios el hombre es pobre y miserable. El problema fundamental de la humanidad no puede resolverse fuera de la cruz de Jesucristo.

Hablando de su muerte, Jesús sabía el lugar donde sufriría: en lo alto de una colina, para que toda la ciudad pudiera verlo. Su muerte no fue un error judicial ni un castigo merecido, sino el cumplimiento de profecías precisas sobre el Mesías. Al morir en el madero del Calvario, Jesucristo cargó con el pecado de todos los hombres. Lo que no podemos conseguir por nuestros propios medios, Jesús lo consiguió por nosotros. Se enfrentó a la muerte por nosotros y la venció. Al tercer día de su muerte, salió vivo del sepulcro, que había sido sellado con una gran piedra. Por eso la cruz de Jesús permanece como punto de referencia en el tiempo y en el espacio, como una brújula que conduce a la verdadera paz y a la salvación eterna.

El río de la historia fluye: la cruz permanece. Cuando los fuertes torturan a los débiles, los ricos desprecian a los pobres, los miserables mueren en la miseria, las madres piden pan llorando por sus hijos hambrientos, los inocentes sufren en las cárceles, los soldados salen a combatir y quienes están en tinieblas buscan la luz, la cruz sigue ahí para quienes ponen toda su fe en Jesucristo. Su cruz, lo que significa y lo que realizó, es el signo del poder de Dios, más sabio y más fuerte que los hombres.

La cruz… ¿Por qué?

¿Por qué creen los cristianos de todo el mundo en un Cristo crucificado? Es porque, en el momento de la muerte de Jesús, se cumplieron cuatro cosas:

Redención

En la Santa Biblia, esta palabra significa que se ha pagado una suma de dinero por la redención de un esclavo. Es la liberación de la persona que está sometida a esclavitud o en prisión. La redención se practicaba entre los romanos en tiempos de Jesús como en la antigüedad. Las propias palabras de Cristo nos muestran que su misión en el mundo era una misión de redención mediante un rescate. Declaró que no había venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Vio a los hombres atados a Satanás, encadenados por su propia concupiscencia, esclavos del mal. Y de una manera extraordinaria, de la que solo Dios tiene el secreto, Jesús pagó el precio de la liberación del hombre muriendo en el madero del monte Calvario.

La expiación

Expiar es la traducción del verbo árabe “kafara” (takfir), que significa cubrir. Su significado es maravilloso, más allá del alcance del ser humano ordinario. Esta palabra significa que, en la cruz, Cristo respondió a las exigencias de la ley moral para todo el universo y tomó sobre sí el pecado de los hombres. El principio de la ley es que el mal debe ser castigado. La Santa Biblia expresa repetidamente que Dios no deja sin castigo al culpable. Sin embargo, el Injil nos dice que, aunque todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, “por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (Romanos 3:24).

Reconciliación

La Santa Biblia afirma que todos los hombres son enemigos de Dios por naturaleza. Sin embargo, continúa diciendo que, siendo aún pecadores, es decir, enemigos de Dios, Cristo murió por nosotros para reconciliarnos con Dios. Reconciliarse es volver a tener una relación perfecta con Dios. Solo hay una condición para que nos reconciliemos: Dios nos llama a cada uno de nosotros a abandonar nuestro pecado y a aceptar con toda humildad que Cristo, en su amor, puede asegurarnos la reconciliación con Dios.

Justificación

Esto es lo que Dios hace por nosotros. La Biblia enseña que aunque Dios es un Dios de amor y misericordia, también es un Dios de justicia.

El hombre ha violado la ley; necesita algo más que el perdón, algo más que la purificación: necesita la gracia de una vida nueva. Necesita ser colocado en la presencia de Dios como si nunca hubiera pecado. Eso es la justificación. Ser “recreado” como justo ante Dios es más que ser perdonado. La palabra justificación significa, para mí, ser tratado como si siempre hubiera sido inocente.

No podemos ser justificados por nuestras propias buenas obras. Somos justificados solo por Jesucristo. Debemos creer en Jesucristo, que obtuvo nuestra justificación por su muerte en la cruz. La Biblia dice: “por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (Romanos 3:24). La justicia de Dios ha sido satisfecha por Jesucristo, y el camino hacia la justificación es la fe en él. Debemos creer que Jesús realmente murió en la cruz para que podamos ser declarados justos ante Dios.

Así que, para quienes creen, esta bendición fluye de la tan denostada cruz. No tiene ningún poder mágico en sí misma, pero es de suma importancia porque es el signo de lo que Cristo ha logrado, de una vez por todas, para todos nosotros.

Para ti, solo tendrá sentido si recibes a Cristo como tu Salvador. También tú, en nuestro mundo agitado, puedes poseer una paz que sobrepasa todo entendimiento y una alegría que no te pueden quitar, si pones tu confianza en el amor de Dios manifestado claramente en la cruz de Jesucristo. Cristo, y Cristo crucificado. ¿Es una locura? No, mil veces no. Se trata, por el contrario, del “misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad” (1 Corintios 2:7).

(La Clave del Conocimiento – No2 1985) Reproducido con la amable autorización de ERB