Es una pregunta que se plantea a menudo:

El Antiguo Testamento dice que el cerdo es un animal impuro y que los israelitas no deben comerlo. Entonces, ¿por qué la mayoría de los cristianos comen cerdo?

Se dijo a los judíos en la Tawrat (La Torá) que el cerdo era un animal impuro. ¿Por qué? La respuesta a la pregunta está en el mismo libro de la Torá.

Hablando al pueblo de Israel, Dios dijo,

“Vosotros no comeréis ninguno de los animales que se arrastran, porque son inmundos. No comeréis ningún animal que se arrastre sobre su vientre, o que se apoye sobre sus plantas, o que tenga más de cuatro patas. En resumen, no comeréis ningún animal que se arrastra, porque es inmundo; es decir, no os contaminéis por causa de su inmundicia, pues son animales inmundos. Yo soy el Señor vuestro Dios, así que santificaos y manteneos santos, porque yo soy santo. No os hagáis impuros por causa de los animales que se arrastran. Yo soy el Señor, que os sacó de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos, porque yo soy santo. »Esta es la ley acerca de los animales y de las aves, y de todo ser que se mueve dentro de las aguas o que se arrastra por el suelo, para que así podáis distinguir entre lo puro y lo impuro, y entre lo que se puede comer y lo que no se debe comer
(Levítico 11: 41-47)

Al dar esta ley, Dios no buscaba hacer una carta de menú del día, o dar pautas de dieta de salud a seguir, sino enseñarles santidad. A partir de ahí, el pueblo debía aprender a distinguir entre el bien y el mal, a separarse de los pueblos circundantes como pueblo apartado por Dios, y todo ello con el fin de llevar una vida santificada.

Sin embargo, Jesús enseñó que la verdadera santidad a los ojos de Dios va mucho más allá del contenido de la comida en su plato. Se refiere a los motivos y pensamientos secretos de nuestro corazón, no a lo que comemos.

Esta es la enseñanza que impartió durante un debate con religiosos judíos sobre las tradiciones de pureza e impureza:

Nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina.”. Después que hubo dejado a la gente y entrado en la casa, sus discípulos le preguntaron sobre la comparación que había hecho. ―¿Tampoco vosotros podéis entenderlo? —dijo—. ¿No os dais cuenta de que nada de lo que entra en una persona puede contaminarla? Porque no entra en su corazón, sino en su estómago, y después va a dar a la letrina. Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos. Luego añadió: ―Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de dentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios,la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.”
(Marcos 7: 15-23)

Es interesante que el Corán diga sobre Jesús: “«(Cristo) curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos……Os informaré de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas…. Y en confirmación de la Tora anterior a mí y para declararos lícitas algunas de las cosas que se os han prohibido.” (Corán, Sura 3:49 y Sura 3:50)

La Biblia afirma claramente que “porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo.”(Romanos 14:17). Muchas personas creen que pueden ganarse el favor de Dios y tener vida eterna siguiendo las leyes alimentarias del Antiguo Testamento. Pero es incomprensible. Tú no puedes salvarte a ti mismo, pero Jesucristo puede salvarte, y lo hará cuando le entregues tu vida con fe.


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