Jesús nunca asumió el título de Hijo de Dios… ¿verdadero o falso?
Muchos amigos musulmanes me lo dicen, pero no es cierto. Jesús afirmó repetidamente que es el único Hijo de Dios.
Un día preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús le dijo entonces que aquella revelación no procedía de ningún mortal, sino de su Padre que está en el cielo (Mateo 16:15-17). Cuando fue arrestado, sus detractores religiosos le preguntaron: “¿Eres tú, entonces, el Hijo de Dios?”. A esto respondió Jesús: “Vosotros mismos lo decís” (Lucas 22:70). Inmediatamente lo acusaron de blasfemia y exigieron su crucifixión.
En otros pasajes, Jesús se dirigió a Dios llamándolo “Padre mío” (Abba), demostrando con ello que era realmente el Hijo único de Dios. En Juan 6 afirmó que él es el pan de Dios que baja del cielo y da vida al mundo, que todos los que el Padre le da vendrán a él y que no rechazará a quienes acudan a él. También enseñó que la voluntad de su Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y que él lo resucitará en el día final (Juan 6:33, 37, 40). En otro lugar, Jesús dijo a sus discípulos que quien lo había visto a él había visto al Padre, y les pidió que creyeran que él está en el Padre y que el Padre está en él (Juan 14:1-11).
Un día, los judíos lo interrogaron y le pidieron que dijera con franqueza si él era el Cristo. Jesús respondió que ya se lo había dicho y que no lo creían. También declaró que él y el Padre son uno. Entonces los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Cuando Jesús les preguntó por cuál de sus buenas obras querían apedrearlo, ellos respondieron que no era por ninguna obra, sino por blasfemia, porque, siendo hombre, se hacía pasar por Dios. Jesús les recordó entonces las Escrituras y defendió que el Padre lo había apartado para sí y lo había enviado al mundo; por eso no podían acusarlo de blasfemia por decir: “Yo soy el Hijo de Dios” (Juan 10:22-36).
Un argumento poderoso es el siguiente: cuando se le acusó de blasfemia, el peor pecado del que se podía acusar a Jesús, él no protestó diciendo que habían malinterpretado totalmente sus palabras. Esto muestra que Jesús tenía toda la intención de afirmar sin vacilación que él es el Hijo eterno de Dios.
