No hay mayor diferencia entre la fe cristiana y el islam que lo que dicen sobre Jesús. Para los musulmanes, afirmar que Cristo es Dios es inaceptable, y el Corán enseña que quienes creen eso acaban en el fuego(sura 5:72). Para un cristiano, confesar que Jesús es Señor es esencial para la salvación(Romanos 10:9). ¿Puede haber una diferencia más grande?

El Corán presenta a Jesús negando que la gente debiera adorarlo como Dios(sura 5:116-117). Por eso muchos musulmanes dicen que la divinidad de Jesús fue una idea tardía: algunos culpan al Concilio de Nicea, otros a Pablo, y otros a una corrupción general del cristianismo. La pregunta clave es más sencilla: ¿qué enseñan realmente los Evangelios?

El Evangelio de Juan

Juan presenta a Jesús como divino desde el principio. Dice que la Palabra ya existía, que estaba con Dios, que era Dios, y que todo fue creado por medio de ella(Juan 1:1-3). Más adelante, Juan afirma que el Hijo unigénito es Dios y vive en comunión íntima con el Padre(Juan 1:18).

La continuación del Evangelio de Juan abunda en detalles relativos a la divinidad de Cristo. Jesús es digno del honor que hay que dar a Dios (Juan5:23); pide a la gente que tenga fe en él como ellos tienen fe en Dios (Juan14:1); se proclama a sí mismo como el que hace posible la salvación (Juan5:21); y como la manifestación visible de Dios en su físico (Juan14:18); Es el rey de otro reino (Juan18:36-37); Tiene poder sobre todas las cosas (Juan3:35); Y profesa poder hacer todo lo que se pida en su nombre una vez que se haya ido; Lo que implica en cierto modo que es omnisciente, omnipotente y omnipresente (Juan3:13; 14:13). Además, proclama a sus adversarios que no hay salvación (Juan8:24), y que existía desde toda la eternidad antes de Abraham (Juan8:58), en estos dos Versículos, utiliza el nombre divino de Yahvé del Antiguo Testamento: “Yo Soy” [1], tomando sobre sí el nombre de Dios, tal como le fue dado a Moisés en el tercer capítulo del Éxodo. Algunos creen que la culminación de este evangelio es la afirmación de un discípulo que se dio cuenta de quién era Jesús, exclamó: “¡Señor mío y Dios mío! “; y Jesús le respondió: “Porque me has visto, has creído; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.”. (Juan20:28-29). La culminación del evangelio de Juan es ese discípulo proclamando que Jesús es Dios, y Jesús alabando y aceptando esta afirmación. Desde el principio hasta el final de este evangelio, Jesús es identificado como Dios.

Esta declaración es un electroshock para la esfera islámica. Si Jesús ha afirmado efectivamente que es Dios, entonces el Corán se equivoca al respecto, lo que equivale a decir que el Islam es falso.

El Evangelio de Marcos

Algunos responden que Juan es posterior y que Mateo, Marcos y Lucas no presentan a Jesús de la misma manera. Pero esa objeción tampoco funciona.

Marcos comienza su evangelio haciendo referencia a un pasaje del Antiguo Testamento: Isaías 40, versículos 3-5: “Una voz proclama: «Preparad en el desierto
un camino para el Señor(…) Entonces se revelará la gloria del Señor». Isaías profetizó que Yahvé, aparecería y que una voz en el desierto anunciaría su llegada. Marcos afirma en Marcos1:4 que Juan el Bautista es esa voz en el desierto, y que aquel a quien Juan anunciaba es Jesús. Al igual que en la cita de Isaías, el Señor es Jesús. Así pues, al principio mismo de su evangelio, Marcos compara a Jesús con Yahvé, refiriéndose a varios versículos del Antiguo Testamento. El prólogo del Evangelio de Marcos tiene la misma función que el de Juan: afirmar que Jesús es Dios mismo.

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Marcos, el Evangelio que muchos consideran más antiguo, empieza aplicando a Jesús textos del Antiguo Testamento que hablan de la venida del Señor(Isaías 40:3-5; Malaquías 3:1; Marcos 1:1-4).

Marcos continúa en Marcos2:3-10, mostrándonos que Jesús perdonó los pecados de un paralítico. Los escribas, al presenciar esta escena, se dijeron a sí mismos: «Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino solo Dios?». Para los judíos, blasfemar contra Dios es una acusación que se le hace a alguien que no le profesa a Dios el respeto que le es debido; y, en un sentido más común, al pronunciar el nombre de Dios o al atribuirse a sí mismo atributos divinos. Está claro que, en este caso, Jesús ni insultó a Dios ni pronunció su nombre. Su acusación de blasfemia solo puede significar que Jesús se declaró a sí mismo Dios al reclamar el derecho divino de perdonar los pecados. [3] En respuesta, lejos de negar que se proclamara Dios, Jesús demostró su autoridad para perdonar los pecados sanando al paralítico con su poder divino. Esto no solo demuestra su autoridad espiritual, sino que también recuerda a los escribas, que conocían bien el Antiguo Testamento, los versículos 2 y 3 del Salmo 103: «Alaba, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados
y sana todas tus dolencias». Cuando los escribas acusaron a Jesús de proclamarse Dios, en lugar de negarlo, fue mucho más allá; al sanar al paralítico, hizo lo que solo Dios hace según los salmos.

Más adelante, en el mismo capítulo, Jesús, hablando de sí mismo, dice: «Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado» (v. 28). A menos que conozcamos bien el Antiguo Testamento, es fácil pasar por alto que el sábado es el cuarto de los diez mandamientos (Éxodo 20:8). Cuando Jesús se declara señor del sábado, afirma que tiene autoridad sobre los Diez Mandamientos, aunque esta pertenezca al único Dios: Yahvé.

En Marcos 4:35-41, encontramos a los discípulos en una situación muy precaria, en el mar, en medio de una tormenta, con olas tan grandes que se abatían sobre la barca y comenzaban a inundarla. En medio de la tormenta, clamaron a Jesús. Jesús reprendió al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». Y el viento cesó y se hizo una gran calma (v. 39). Los discípulos se llenaron de gran temor y se preguntaron: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (v. 41). Debemos darnos cuenta ahora de que Marcos espera que respondamos a estas preguntas retóricas recurriendo al Antiguo Testamento. En el Salmo 107:25-30, unos hombres se encuentran en un mar embravecido, tan peligroso que han perdido el valor, lo que los deja sumidos en una profunda confusión. «En su angustia clamaron al Señor,
y él los sacó de su aflicción.
Cambió la tempestad en suave brisa:
se sosegaron las olas del mar.». (v. 28-29). Así, en el Antiguo Testamento, cuando los hombres se ven atrapados en una tormenta en el mar y temen por sus vidas, claman a Yahvé, el Señor, quien detiene las tormentas y calma las olas. En el Evangelio de Marcos, cuando los discípulos se vieron atrapados en una tormenta en el mar y temieron por sus vidas, clamaron a Jesús, quien detuvo la tormenta y calmó las olas. Una vez más, Marcos compara a Jesús con Yahvé.

Ahora que hemos analizado lo que se desprende de estos capítulos uno a cuatro del Evangelio de Marcos, comprendemos lo que Marcos quiere demostrar: presenta a Jesús como Dios, el Eterno. Si aún no te convence la claridad de estas numerosas alusiones que presentan a Jesús como Dios, déjame mostrarte la culminación de este evangelio: el juicio de Jesús.

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(Use the above rather than the summary below. The verses are taken from CST.

Marcos también muestra a Jesús perdonando pecados, algo que sus críticos entienden como propio de Dios(Marcos 2:3-12). Lo presenta como Señor del sábado(Marcos 2:28), calmando el mar como hace el Señor en los Salmos(Salmo 107:25-30; Marcos 4:35-41), y caminando sobre las aguas, una imagen que recuerda al poder de Dios en Job(Job 9:8; Marcos 6:45-52).

EL PUNTO CULMINANTE DEL EVANGELIO DE MARCOS

Marcos 14: vv. 55-64. Jesús fue llevado ante el sumo sacerdote y el Sanedrín. Aquellos que lo llevaron allí ya habían intentado acabar con él al comienzo de su ministerio (Marcos:v6). Esperaban incriminarlo por sus palabras contra el templo; pero, al carecer de testimonios suficientes o de una acusación coherente, el juicio se tuerce (14: 55-59). Entonces, el sumo sacerdote exige a Jesús que les diga quién es. Parece que el sumo sacerdote espera poder condenar a Jesús a partir de la revelación de su identidad. Cuando Jesús responde, ofrece al Sanedrín mucho más de lo que esperaban. Estas son las palabras de Jesús: «Yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo sobre las nubes del cielo».

El significado de sus palabras no tendrá sentido si no conocemos el Antiguo Testamento, pero para el Sanedrín judío resulta tan claro que condenan a Jesús a muerte por blasfemia. ¿Qué dijo Jesús exactamente? En Marcos 14:62, Jesús hace una doble referencia al Antiguo Testamento, declarando que los privilegios y la posición del Señor (Yahvé) son suyos. La primera referencia se encuentra en el libro del profeta Daniel. Jesús cita Daniel 7, versículos 13-14, que es una visión apocalíptica que había tenido el profeta Daniel: «En esa visión nocturna, vi que alguien con aspecto humano[a] venía entre las nubes del cielo. Se acercó al venerable Anciano y fue llevado a su presencia, 14 y se le dio autoridad, poder y majestad. ¡Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron! ¡Su dominio es un dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido!» En este pasaje de Daniel, un ser con aspecto humano (como un hijo del hombre) se acerca a Dios. Aunque es como un humano, su llegada se produce a través de las nubes; una llegada reservada al Dios Eterno en el Antiguo Testamento. [4] Entonces, a aquel que se asemeja a un hijo del hombre se le otorgan dominio eterno, gloria y reinado, aunque se supone que sólo Dios debe tener dominio, gloria y reinado eterno. Por último, este pasaje nos informa de que todo el pueblo servirá al Hijo del hombre. La palabra «servir», ya sea en arameo o en griego, siempre se refiere a un servicio que solo se debe a Dios. Así, este capítulo 7 de Daniel presenta a un hijo del hombre que viene en las nubes del cielo, como sólo el Dios Eterno puede hacerlo; a continuación, recibe dominio eterno, gloria y reinado, tal y como solo el Dios Eterno los posee; y todo el pueblo le rendirá un culto divino, como sólo el Dios Eterno merece. El Hijo del Hombre de Daniel 7 es un hijo del Hombre divino. A través del Evangelio de Marcos, a partir del capítulo 2, versículo 10, Jesús dice de sí mismo que es el Hijo del Hombre, aunque nunca definió explícitamente este término. En Marcos 14:62, la culminación de este evangelio, Jesús revela finalmente a todos quién es, citando Daniel 7:13-14. Él es el Hijo del Hombre de Daniel 7; Él es Yahvé, el Dios Eterno manifestado en la carne.

Pero llamarse a sí mismo Hijo del Hombre no es la única palabra blasfema que pronunció ante el Sanedrín. Para disipar toda duda, Jesús también declaró que tiene derecho a sentarse en el trono de Dios. Cuando dice que verán al Hijo del Hombre «sentado a la diestra del poder de Dios», se refiere al Salmo 110, versículo 1: «Así dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha
hasta que ponga a tus enemigos
por estrado de tus pies».
Sentarse a la diestra de Dios era un derecho que nadie se atrevía a reclamar, ni a atribuir a nadie, hasta aquel día de la historia judía correspondiente al Segundo Templo. Esto significa sentarse en el mismísimo trono de Dios, lo cual equivale a proclamarse heredero de Dios, aquel que comparte la soberanía con Dios. Tras conocer todo esto, comprendemos por qué el Sanedrín quiso crucificar a Jesús por blasfemia. Cuando Jesús afirmó ser el Hijo del Hombre de Daniel 7 y el Señor de David del Salmo 110, estas dos pretensiones implican una condición divina, un poder y una autoridad divinos. En respuesta a la pregunta «¿Quién eres tú?», Jesús responde en esencia: «Yo soy aquel a quien toda la humanidad debe una adoración eterna en mi reino, y me sentaré en el mismo trono de Dios». Yo soy el Señor».

Tras leer el Evangelio de Marcos desde la perspectiva de las Escrituras judaicas, no podemos eludir la evidencia. Desde la introducción hasta el punto culminante, el Evangelio de Marcos es una exposición de la divinidad de Jesús. La primera biografía de Jesús tiene por objeto mostrarnos que Jesús es el Dios Eterno.

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La escena final ante el Sanedrín es todavía más clara. Cuando el sumo sacerdote pregunta si Jesús es el Cristo, Jesús responde que verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poderoso y viniendo en las nubes del cielo(Marcos 14:61-64). Está aludiendo a Daniel 7 y al Salmo 110, textos sobre autoridad, reino y gloria divina(Daniel 7:13-14; Salmo 110:1). Por eso sus jueces lo condenan por blasfemia.

Conclusión

Si dejamos a un lado las creencias islámicas y nos planteamos la pregunta como observadores objetivos, ¿llegaremos a la conclusión de que Jesús afirmaba ser lo que es: Dios? Según mi propia experiencia, la respuesta es un «SÍ» trascendente y revolucionario. La investigación que he llevado a cabo sobre este tema ha transformado mi vida para siempre. Es imposible defender la tesis de que la divinidad de Jesús sea una invención tardía, una evolución de la cristología. No sólo el Evangelio de Juan presenta a Jesús como Dios, sino que lo mismo ocurre con el de Marcos, que presenta a Jesús como Dios, Yahvé. Las pruebas más antiguas, probablemente de la misma década que la crucifixión de Jesús, equiparan a Jesús con el Dios Eterno. Volviendo a Bart Ehrman, a quien suelen citar los apologistas musulmanes: tras una investigación más profunda sobre este tema, ¡cambió de opinión! Esto es lo que escribió en su blog: “Creo que este es mi último mensaje sobre una cuestión que cambió mi punto de vista mientras investigaba para mi libro *Cómo Jesús se convirtió en Dios*. Este último mensaje es muy importante… al menos para mí. Esto es lo que dice: Hasta el año pasado, habría dicho (y lo he dicho a menudo, en las aulas, en conferencias públicas y en mis escritos) que Jesús se presenta claramente como Dios en el Evangelio de Juan, pero no en los otros evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Habría demostrado que sólo en el Evangelio de Juan Jesús dijo cosas como: «Antes de que Abraham existiera, Yo soy» (8, v. 58, asumiendo el nombre de Dios, tal y como se le dijo a Moisés en Éxodo 3); sus enemigos judíos sabían muy bien lo que estaba diciendo: cogieron piedras para apedrearlo. Más tarde dice: «Yo y el Padre somos uno» (10, v. 30). Allí, de nuevo, los judíos cogieron piedras. Más tarde, enseñó a sus discípulos: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (v. 9). Y en una de sus oraciones le pidió a Dios: «Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti con la gloria que tenía contigo antes de que el mundo existiera» (17, 5). Ninguna de estas frases, ni nada parecido, se encuentra en los demás evangelios canónicos. Juan presenta innegablemente a Jesús como Dios, en Juan y solo en Juan (eso habría argumentado yo). Pero…, al investigar y reflexionar cada vez más profundamente sobre esta cuestión…, finalmente cedí. Estos evangelios, en efecto, presentan a Jesús como Dios. Siendo el único Hijo del Hombre, capaz de sanar, expulsar demonios, resucitar a los muertos, otorgar el perdón divino, recibir adoración… Todo esto sugiere que, incluso para estos evangelios, Jesús es Dios, no un simple hombre… Así que sí, ahora reconozco que Jesús es presentado como Dios, hecho hombre, en todos los evangelios. Pero de diferentes maneras, según los evangelios.” [5]
Todas las enseñanzas cristianas describen a Jesús como Dios. Para los cristianos de la iglesia primitiva, Jesús es mucho más que un profeta. Es Yahvé, el Señor Dios mismo.

[1] Algunos judíos sabían muy bien lo que Jesús estaba diciendo, por lo que cogieron piedras para apedrearlo. [2] Véase el blog de Bart Ehrman: ehrmanblog.org/jesus-as-god-in-the-synoptics-for-members [3] El Acusado, que también aparece en Juan10:33. [4] Deuteronomio 33:26; Salmos 104:3; Isaías 19:1. [5] Véase el blog de Bart Ehrman: ehrmanblog.org/jesus-as-god-in-the-synoptic

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La idea de que la divinidad de Jesús aparece solo tarde no encaja con los Evangelios. Juan lo declara de forma directa, y Marcos lo hace mediante las Escrituras judías: Jesús perdona pecados, ejerce autoridad divina, domina el mar, recibe títulos y funciones reservados a Dios, y se identifica con el Hijo del hombre de Daniel.