Los musulmanes aducen seis razones principales para afirmar que el Corán es indiscutiblemente la palabra de Dios: 1. la excelencia literaria del Corán, 2. el cumplimiento de las profecías coránicas, 3. los conocimientos científicos milagrosos del Corán, 4. las maravillas matemáticas del Corán, 5. la incapacidad de Mahoma para leer y escribir, y 6. la conservación perfecta del Corán.

¿Encontraría convincente todo esto un examinador objetivo?

LA EXCELENCIA LITERARIA DEL CORÁN

Una de las creencias más profundas de muchos musulmanes es que la excelencia del Corán es inigualable, que es inimitable en su calidad literaria. Esto se considera cierto no sólo porque se entiende como una expresión de Alá, la palabra de Dios sobre la tierra, sino también porque el Corán lo afirma. Cuando se le pide a Mahoma que demuestre que el Corán fue inspirado por Dios, él responde: “El Corán no pudo ser producido por nadie más que Alá…”. “O dicen: ‘Él lo ha inventado’. Di: ‘Traed, pues, una sura semejante'” (Corán 10:38-39).

Así pues, el Corán desafía a los escépticos a intentar producir algo igual o mejor. Afirma que nadie, salvo Dios, puede componer un texto tan excelente. No podrán hacerlo nunca, ni siquiera con la ayuda de toda la humanidad y de todos los genios: “Si los hombres y los genios se unieran para producir algo semejante a este Corán, no podrían producir nada semejante” (Corán 17:88). Este mismo argumento de base se repite a menudo en el Corán.[1]

Según los musulmanes, este desafío fue lanzado a los árabes escépticos, que eran expertos en poesía. Nunca pudieron producir nada tan excelente y convincente como el Corán. Así pues, el desafío sigue en pie.

RESPUESTA: ¿EN QUÉ CONSISTE EL MILAGRO?

Una constatación evidente es que la manera en que el Corán defiende su propia inspiración, el desafío de producir una réplica similar, es algo prácticamente imposible de evaluar.

Recuerdo muy bien la respuesta de un amigo cristiano cuando le hablé del desafío del Corán: “He leído escritos más excelentes que el Corán”, respondió tranquilamente. “¿Has leído alguna vez el Salmo 23 o 1 Corintios 13?”

Salmo 23

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.
Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.
La bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.

1 Corintios 13

Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Sorprendido por su afirmación, le respondí que el Salmo 23 y 1 Corintios 13 no estaban en absoluto al mismo nivel que el Corán. Él se limitó a decir que no estaba de acuerdo conmigo, y que el Salmo 23 era uno de los textos más poderosos jamás escritos, en todo caso más impresionante que todo lo que había leído en el Corán.

Entonces di un paso atrás para reevaluar la prueba. ¿Cuál es la naturaleza real de la pregunta? Empecé a pensar que debía de ser el árabe del Corán lo inimitable, y no la traducción o las interpretaciones no árabes. ¿Significa esto que la prueba se limita a los arabohablantes?

Tampoco podía ser así. Algunas personas que habían intentado responder al desafío del Corán ya habían compuesto, en árabe, un libro de enseñanzas cristianas llamado Furqan al-Haqq, “El verdadero discernimiento”. Incluía numerosas enseñanzas relacionadas con los salmos, escritas al estilo del Corán. Los resultados fueron tan convincentes que llevaron el texto a aldeas árabo-musulmanas y lo leyeron en voz alta con entonación coránica. Muchas de las personas que pasaban por allí entendieron la lectura y, creyendo que se trataba del Corán, dieron las gracias a quienes la leían. Evidentemente, la prueba no funcionó para los arabohablantes, ni siquiera para los árabo-musulmanes.

Buscando en internet, encontré apologistas musulmanes que sostenían que los árabes que se dejaron convencer por el Furqan al-Haqq probablemente carecían de instrucción, y por eso no conocían la belleza sublime del Corán. Según ellos, un experto en lengua árabe encontraría el texto del Corán inimitable.

Entonces descubrí la evaluación de Gerd Puin, especialista en la ortografía del árabe coránico. Puin sostuvo que “aproximadamente una frase de cada cinco sencillamente no tiene sentido”.[2] Para confirmar su afirmación, añadió: “Muchos musulmanes y orientalistas tienen un discurso diferente, pero el hecho es que una quinta parte del texto coránico es sencillamente… incomprensible“.[3] A esto, los apologistas musulmanes respondieron que Gerd Puin no era arabófono; que el Corán debía ser evaluado por un experto en lengua árabe que fuera él mismo árabe y cuya lengua materna fuera el árabe.

Cada vez parecía que la prueba se modificaba para resistir el examen, lo que nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿en qué nos afecta este argumento? Si sólo tiene valor para los arabófonos, no puede servir de orientación para la gran mayoría de nuestros contemporáneos; si hay que ser experto en árabe clásico, la prueba solo es pertinente para un número muy reducido de personas en la historia de la humanidad.

Bien entendida, la naturaleza subjetiva de la prueba y su carácter ilógico excluyen a todo el que no comparta ya el punto de partida. ¿Quién puede decir si una composición literaria es más excelente que otra? ¿Con qué criterio? Sin duda, no fue el Corán el que fijó los parámetros utilizados por los apologistas. Y aunque se dijera que el Corán es el mejor escrito que la humanidad ha visto jamás, eso no significa que esté inspirado. Stradivarius (1644-1737) es conocido por haber fabricado los violines acústicamente más perfectos que el mundo haya conocido; incluso con nuestra tecnología moderna, no hemos podido reproducir unos violines tan perfectos. Si hubiera pretendido que sus violines habían sido creados por Dios, ofreciendo como prueba su calidad incomparable, habríamos pensado que estaba loco o que mentía. ¿Cómo puede un producto excelente demostrar su origen divino?

Por eso la excelencia literaria del Corán debe considerarse una prueba inadecuada: no es en absoluto convincente para los no musulmanes. Es una prueba incapaz de convencer a un examinador objetivo.

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[1] Corán 2:23; 10:37-38; 11:13; 17:88; 52:33-34

[2] Citado por Toby Lester en su artículo “What Is the Koran?”, The Atlantic, enero de 1999, http://www.theatlantic.com/magazine/archive/1999/01/what-is-the-koran/304024/

[3] Ibíd.


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