“Para nosotros, los musulmanes, Jesucristo es solamente un profeta. Le honramos a él y a Dios creyendo que Dios le ha librado de la muerte en la cruz. En cambio, vosotros los cristianos afirmáis que es el Hijo de Dios y enseñáis que Dios no hizo nada para ayudarle mientras estaba crucificado. ¿Cómo puedo creer esto? Dios nunca permitiría que uno de sus profetas muriera de esa manera”.
En una entrevista con un amigo cristiano, un musulmán quiso llevar la discusión más lejos. Le preguntó: “¿Cuántos hijos tienes?” Él respondió: “Tres”. “Pues”, añadió, “si ves que unos bandidos atacan a uno de ellos para matarlo, ¿no irías a rescatarlo? ¿No amas lo suficiente a tu hijo?”
Intervine en la discusión: “Permíteme dar aún más peso a su objeción antes de responderle. ¿Y si viera usted a nuestro propio amigo caminando por la calle, con un cuchillo en una mano y su hijo en la otra, dispuesto a degollarlo? Respondió: “Sería el acto más bárbaro que jamás he visto”. Luego proseguí: “¿Te atreves a decir lo mismo del profeta Abraham? ¿Cómo puedes creer que Abraham fue un gran profeta y un buen padre cuando eso es lo que hizo? Estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo, según lo dice el Corán. ¿Cómo puedes seguir pensando que Abraham era bueno mientras estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo?”
Nuestro amigo musulmán respondió: “No, no, no lo has entendido. Era un caso diferente, Dios estaba probando su fe para saber si estaba dispuesto a ofrecer su propio hijo a Dios, si también estaba dispuesto a dárselo todo. “Exactamente”, le contesté, “eso es lo que te estamos explicando de Dios. No permaneció a distancia, ni fue indiferente a la suerte del hombre; al contrario, entregó voluntariamente a Jesús a la muerte para salvarnos de nuestros pecados. Esta fue la prueba suprema de su amor y el don más precioso que ofreció a la humanidad. La Biblia declara que “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (La Biblia, Injil, Juan 3:16). Dios demostró cómo, al ordenar a Abraham ofrecer a su hijo como prueba de su fe, Él mismo mostraría su amor por nosotros en grado supremo a través del sacrificio que Jesús hizo en la cruz. Los cristianos creemos que Dios ha dado lo mejor de sí mismo y ha hecho lo máximo por nosotros. Hay que saber que nadie obligó a Jesús a ser crucificado; él se entregó.
En cuanto a la objeción de que Dios no podría “permitir que uno de sus profetas sufriera semejante muerte”, me gustaría recordar a mis amigos musulmanes algunos versículos del Corán que enseñan que los mensajeros de Dios han sido asesinados en el pasado. Condena a los judios por:
Su incredulidad en los signos de Alá y su asesinato de los profetas sin derecho.
(Sura 4:155)
Y ciertamente le dimos a Moisés la Torá y lo seguimos con mensajeros. Y le dimos a Jesús, el hijo de María, pruebas claras y lo apoyamos con el Espíritu Puro. Pero, ¿no es cierto que cada vez que os llegaba un mensajero, [Oh Hijos de Israel], con lo que vuestras almas no deseaban, os mostrábais arrogantes? A un grupo de mensajeros los negasteis y a otro grupo los matasteis.
(Sura 2:87, véase también Sura 2:91 y Sura 3:183)
En conclusión, podemos ver que Dios permite y ha permitido que sus profetas sufran e incluso sean asesinados. También hemos visto que Dios ha mostrado el alcance de Su propio amor por nosotros al enviar al Mesías a morir por nosotros para salvarnos de la pena que merecemos por nuestros propios pecados.
