¿Deja Dios, de alguna manera, de ser Dios cuando toma una naturaleza humana?

Es una cuestión importante.

¡No! Cuando Dios habló a Moisés en la zarza ardiente, ¿había dejado de ser Dios por eso? ¡Claro que no! Dios no puede ser limitado por nada. Cuando Dios se reveló con una naturaleza humana -un cuerpo humano y un alma humana-, no se limitó en absoluto por esta humanidad. Siguió reinando sobre este universo, siguió siendo lo que siempre fue (Dios), pero en Jesús se convirtió en algo que no había sido antes (hombre). Sin embargo, Debe quedar claro que Jesús no era ni 50% Dios ni 50% hombre. Era completamente Dios y completamente hombre, y sigue siendo plenamente Dios y plenamente hombre.

¿Suma o resta?

La Persona divina ha asumido la naturaleza humana. Es imposible comprender completamente el misterio de cómo sucedió, pero el principio es concebible y puede aceptarse por fe. Está claro que Dios tiene el poder de añadirse a Sí mismo una naturaleza humana, haciéndolo de tal manera que une dos naturalezas en una sola Persona sin dejar de ser Dios.

Una ilustración nos ayudará a comprender mejor la idea. Tome, por ejemplo, una luz brillante y colóquela en un vaso. ¿Reduce el cristal el brillo de la luz? ¡No! Al contrario, debido a su deslumbrante reflejo en contacto con el cristal, solo conseguirá que la luz brille con más belleza con un brillo y una claridad aún mayores. Del mismo modo, cuando Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo, el cuerpo que tomó no le impidió seguir siendo Dios, lo que siempre fue y seguirá siendo para siempre. Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Dios se convirtió en lo que no era antes en la persona de Jesús, como hombre, sin dejar de brillar con toda su gloria y de regir el universo. Así quiso revelarse aún más claramente para que el mundo lo conociera mejor.